Equilibrio entre esfuerzo y necesidad

Eficiencia y eficacia

Tiempos de pausa

El Cuarto de los 5 yamas es Brahmacharya. Habitualmente este término se relaciona con la abstinencia sexual o celibato. Posiblemente debido a que en el hinduismo, la brahmacharya es la primera de las cuatro áshramas (las cuatro etapas en la vida de un brahmán o sacerdote hinduista).

Sin embargo este yama tiene un impacto mucho más profundo que se me antoja emparentado de alguna forma con el arte del wu wei de la filosofía taoista. Esté en lo cierto o no, Brahmacharya tiene que ver con la conservación de la energía evitando el derrocharla innecesariamente.

En los yoga sutras, Patañjali habla de energía y de su estabilización, en definitiva de conservarla. Es importante por tanto hacernos conscientes de que tenemos una energía determinada que a lo largo del día utilizamos pudiendo malgastarla.

Esta energía se puede despilfarrar a través de acciones, impulsos y reacciones primarias, como son el sexo y eyaculación desmedidas, la violencia, los estados adictivos, la enfermedad, etc..  La idea es conservar esa energía para poder sublimarla y activar así estados superiores de consciencia por arriba de los instintos básicos.

Patañjali nos dice que si preservamos esa energía sexual o el Prana “transformado” en esta energía, adquiriremos cada vez más vigor y dominio desde el punto de vista de la evolución natural del ser humano. Desarrollando estados de una mayor consciencia en donde la energía no se perderá por los chakras inferiores, sino que ascenderá por el canal central o summa hasta producirse la expansión y unión (yoga). Un estado conocido como Samadhi.

Como idea inicial, una forma de introducirnos en este yama podría ser en la práctica de las asanas o en cualquier otra circunstancia en nuestra vida. Podemos preguntarnos ¿cuanto esfuerzo es necesario en esta acción o actividad?, ¿Estoy fluyendo con lo que pide la vida en este momento, o estoy forzando la situación o forzándome a mi mismo en pos de una idea de logro?. La autenticidad es simpleza y naturalidad, por eso es sagrada.

Sólo nos queda empezar y ver que pasa. ¡Ánimo!

 

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