Estar presente, con atención e interés hacia lo que esta ocurriendo aquí y ahora, sin tamizarlo por filtros del pasado, sin prever el resultado, sin juicios y en el fragor del ajetreado día a día que nos es común hoy en día, es tarea harto difícil.

Quien más quien menos vivimos nuestras vidas como una sucesión de acontecimientos que “nos van sucediendo” y que frecuentemente vivimos como metas u objetivos. De hecho, tener metas y alcanzar “logros” es algo que se nos vende como lo deseable.  -“No dejes que nada te pare”, ” tan alto y tan lejos como tu imaginación alcance”- rezan los anuncios comerciales. No ahondaremos aquí acerca de la frustración y el sentimiento de inadecuación que experimentamos aquellos que no cumplimos o que no llegamos por más que nos esforcemos. Cuanto sufrimiento innecesario que permitimos simplemente por no estar presentes en nosotros mismos con claridad de ¡que es lo que realmente es importante en nuestra existencia! y que es lo superfluo y conveniente que quieren vendernos o hacernos sentir.

Muchos vivimos nuestra vida yendo de un objetivo a otro pensando que cuando lleguemos o lo obtengamos estaremos por fin satisfechos y felices, aunque sea solo un ratito antes de volver a empezar. Es evidente que esta forma de vivir la vida solo conduce a la extenuación, el hastío y la neurosis.

A mí forma de ver, estar presente implica una decisión valiente de vivir con toda su textura ese espacio/tiempo que hay entre una meta y otra, entre un objetivo y el siguiente. Vivir el camino entre A y B, porque ese camino ES la mayor parte del tiempo, ES nuestra vida. Nuestra única y preciosa vida. Vivir cada uno de esos instantes, sí, los de trámite, los aburridos, los de espera en la cola, los del atasco y los de la comida…Todos y cada uno de ellos estando presentes se convierten en ventanas con las que abrirme, sentirme y vivirme. Se vuelven tan interesantes que la ansiedad por conseguir el objetivo se convierte solamente en una consecuencia y un reflejo de la forma en que disfruté del camino. Esta es una manera de hacer que nuestra vida sea plena y sintamos que merece la pena de ser vivida. Empezaremos a tener una visión nítida de todas esas cosas que en nuestro correr se nos pasaban por alto, nos sentiremos colmados con el saludo del vecino, la mirada del panadero, el sabor del café de la mañana o la mano de tu pareja cálida en la tuya. Y… Créeme, sera más que suficiente. Por supuesto que habrán momentos malos, eso también es la vida. Pero cuando estoy en ellos también puedo decidir vivirlos tal cual son, instante a instante, mordisco a mordisco, sin dejarme envolver por ellos hasta que todo lo demás desaparezca y sin pretender que no existen.

La otra cosa que me puede ayudar a estar presente es tomar pausas. Ser capaz de identificar cuando me estoy diluyendo en lo que está pasando y mi presencia se difumina. En ese momento una pausa puede ayudarme a regresar a mi mismo. No es necesario hacer nada ritualístico o aspaventoso,  basta con regresar al flujo de la respiración, o enfocarnos en sentir durante unos segundos aquella superficie sobre la cual estamos apoyados y el peso que sobre la misma estamos dejando.

Creo que estas dos simples estrategias son un buen comienzo para mantenernos lúcidos y enraizados en el río bravío de la vida actual en sociedad.

1-Vivir coscientemente cada paso que nos lleva de A a B siendo la meta no un lugar al que llegar sino una consecuencia momentánea dentro de un proceso mucho mayor que es la vida

2.Tomar pausas de forma deliberada en medio del discurrir diario. Nadie notará que las estas haciendo y son gratis. Pequeños oasis refrescantes que también conforman el camino.

Sobre estos y otros aspectos profundizaremos en el curso semipresencial de meditación que llevaremos a cabo entre Octubre del 2018 y Enero del 2019. Curso que podrás recibir independientemente del país o la ciudad en la que vivas.

Pero mientras tanto anímate a incorporar a tu día a día estas pequeñas herramientas que son como una tabla de madera a la que agarrarte cuando te encuentras exhausto en medio del océano. Espero y deseo que te sean de bien.

 

 

 

 

 

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