Durante milenios el masaje ha acompañado al hombre en su andadura. Ha sido practicado y perfeccionado por prácticamente todas las civilizaciones, culturas y razas.  Se le ha usado como método paliativo del dolor, como método preparatorio para la caza, la lucha o la competición, es fuente de placer y de relajación. Sea cual sea su forma o técnica, el elemento común a todos, la cualidad vital que subyace en él es aquello sin lo cual ningún ser vivo se desarrollaría adecuadamente: el contacto.

Nuestra sistema nervioso contiene infinidad de estructuras dedicadas a sentir el contacto, la caricia y por supuesto el afecto que de ello se deriva  y que, como todos conocemos, es nutrición para el cuerpo y el alma. La necesidad de contacto y los vínculos que se generan con ello son aún de mayor importancia en la fase de desarrollo del ser humano. La mayoría de las madres del mundo acarician, acunan, abrazan, cantan y hablan a sus bebes, es algo tan natural que brota por si mismo. Para los bebés, poder ser masajeados pausadamente por sus padres, con calidez e intimidad, supone un importantísimo momento de calma y amor, que llevarán para siempre consigo y que les permitirá sentirse de adultos, personas merecedoras y estimadas, capaces de mantener su corazón abierto en su andadura por la vida.

En interés del progreso, en las sociedades modernas se abandonaron durante algún tiempo estas practicas, incluso hubieron (y hay) voces autorizadas que hablaban acerca de lo pernicioso de consentir y mimar demasiado a los niños por el hecho de llevarlos en brazos o atenderlos cuando lloran. Tengo un bebé maravilloso que  duerme todas las noches en mi cama desde el día que nació y que se pasa todo el día en los brazos de su madre y en los míos, aún tengo que oír a quien me aconseja que no lo malcrie y que me va a pesar más adelante. Entiendo que ir contra esa corriente es dificultoso y más en estos tiempos de crisis que atravesamos, pero compruebo que afortunadamente parece que las nuevas generaciones ponderan más cuidadosamente la importancia real de las cosas y cuidan mucho más la calidad del tiempo en el que estan con la familia, estoy convencido que nuestros niños serán personas más justas, bondadosas y empáticas. Eso nos permite tener esperanza para el futuro. Es responsabilidad de todos.

 

 

mb1 mb3mb2

0 Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*