En la práctica de asana y pranayama debemos tener la impresión de que trabajamos con lo externo para acercarnos a la realidad interior de nuestra existencia. Así es. Trabajamos desde la periferia hacia el núcleo. El cuerpo material tiene una realidad práctica accesible. Está aquí y ahora, y podemos hacer algo con él. No obstante, no debemos olvidar que la parte más interna de nuestro ser también intenta ayudarnos. Quiere asomar a la superficie y expresarse. En el ejemplo de la postura del triángulo (trikonasana) nos fijamos en que, a causa de la relación de la postura con nuestra anatomía, todos caemos en las mismas trampas. Nuestro cuerpo parece tratar de caer hacia delante. Nuestro cuerpo no quiere abrirse en la manera que vemos en una asana expresada perfectamente, así que nos aplicamos y aprendemos los ajustes que harán que se abra todo el cuerpo (…….). Pero también, durante el proceso de aprendizaje aplicado, abrimos nuestra mente y nuestra inteligencia. Una abertura es como un portal, y no existe ningún portal por el que sólo puedas entrar pero no salir. Si, intentamos entrar pero ¿qué es lo que intenta salir a nuestro encuentro? (…………) Cuando haces un asana correctamente, el sí mismo se abre por sí mismo; eso es yoga divino. En ese caso el que realiza el asana es el sí mismo, no el cuerpo ni el cerebro. Extraído del libro Luz sobre la vida. B.K.S. IYENGAR. Edit. Kairos

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