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Satya, es el segundo de los Yamas o preceptos y alude al concepto de ser veraz, aunque no se circunscribe solamente al mero hecho de decir la verdad sino que engloba otras varias facetas que se derivan de la misma. Satya habla de la claridad y honestidad en la comunicación e invita al uso de la palabra con benevolencia sin herir a nadie pero con sinceridad.

Las injurias, las calumnias, los chismorreos, ridiculizar a otros, divulgar rumores o incluso escucharlos y dejarlos circular, son también aspectos de Satya que hay que considerar. Igualmente hablar, aunque sea con la verdad, sí causa dañó a otras personas se sale fuera de este precepto ético.

Podemos deducir de todo ello que debemos ser veraces también con nosotros mismos y procurar no engañarnos acerca de como somos en este momento, ya que para evolucionar y poder cambiar es necesario conocernos previamente. Nuestros pensamientos debieran coincidir con nuestras palabras, y estas con nuestras acciones.

Es relativamente usual ver que las personas suelen pensar una cosa mientras dicen otra y probablemente actúan en forma diferente a todo ello. Esta deshonestidad está en el fundamento de la neurosis que padecen las sociedades modernas actualmente. En el camino del practicante se hace preciso ser conscientes de ello y de lo importante que son nuestras acciones como individuos y de como estas pueden generar una impronta beneficiosa para la sociedad. Debemos observar muy cuidadosamente nuestros pensamientos, palabras y actos y tener muy presente que la no observación de este precepto aunque puede parecer ventajoso y reportarnos algún beneficio puntual, la realidad es que nuestra conciencia y nuestro subconsciente se enturbian y polucionan.

Patanjali en sus aforismos explica el resultado de este yama: “Cuando uno se establece firmemente en la veracidad, (hay) correspondencia entre fruto y acción” (Sutra II.36). En esta forma Patanjali nos recuerda que si nos afirmamos en la verdad, queda asegurado sin error un resultado positivo de nuestras acciones, pensamientos y palabras, tanto en bien propio como en el de los demás.

Como idea inicial, una forma de introducirnos en este yama podría ser en la práctica de las asanas o en cualquier otra circunstancia en nuestra vida, podemos preguntarnos ¿cuanto de verdad hay en lo que estamos haciendo?, ¿cuanto corazón tenemos puesto en el intento? y si realmente estamos resonando con lo que pide el momento en vez de con lo que pensamos que pide el momento. La autenticidad es simpleza y naturalidad, por eso es sagrada.

Sólo nos queda empezar y ver que pasa. ¡Ánimo!

 

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