Me causa curiosidad y, por qué no decirlo, un extraño placer, observar las caras de las personas cuando se acercan a tomar una clase por primera vez. Con esa mezcla de ilusión, curiosidad, miedo, esperanza y ese ingente montón de sensaciones más aflorando por todo su cuerpo. Todas esas sensaciones que les hacen estar espectantes y muy presentes en clase. Es, a mi forma de ver, el mejor momento en el proceso de aprendizaje. Ese momento en el que el desconocimiento es total y por tanto ninguna estrategia es del todo válida. En ese momento todo es auténtico y casi puedo imaginar a los alumnos cuando eran bebes y todo lo que se les presentaba era nuevo, misterioso y fascinante. Que honra poder ser testigo de ello. Participar de ese estado tan especial, esa mente de principiante preñada de promesas y posibilidades que yo mismo persigo constantemente y que tan a menudo se esconde de mi.

Maravilloso taller, maravillosos alumnos, maravilloso momento.

Toda esa gente deseosa de aprender

Todas esas columnas ávidas de movimiento

Todas esas espaldas necesitadas de una mano amiga

De corazón ¡GRACIAS A TODOS LOS ASISTENTES!

 

 

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