La alimentación influye en nuestro desarrollo corporal, intelectual, cognitivo y emocional. Forma parte de profundos rituales y tradiciones de nuestra sociedad. Un ejemplo cotidiano son las frases “Que te como“ o “Te voy comer” las cuales dejan al descubierto de manera clara el vínculo que existe entre la comida y nuestras emociones.

La alimentación, y con ella el acto de comer, tiene una estrecha relación con nuestra estado anímico.

La sensación de hambre real y primitiva genera un malestar que solo se satisface cuando estamos saciados. Biológicamente estamos diseñados para comer. Y es por esto que nuestro cuerpo tiene órganos exclusivos para relacionarnos con los alimentos. Véase el efecto Crunchy o efecto Crispy.

Desde el aparato digestivo hasta el cerebro pasando por los sentidos vamos creando un mapa de aquello que ingerimos. Un amplio conjunto de motivaciones dirige la elección de un alimento u otro; incluso pueden hacer que una persona establezca una inflexible relación con un alimento –tanto en un sentido positivo como negativo. Junto a la combinación de sabores y texturas del plato, hay otros factores que condicionan nuestra disposición a un plato. Factores que intervienen en varias áreas cerebrales, como las que tienen relación con las expectativas, la memoria o las diferentes emociones. Así, frente a un determinado plato, podemos sentir de una forma muy rápida como nos invaden recuerdos en los que encerramos momentos en los que ya comimos algo similar.

Este efecto es usado en la alta cocina, donde los grandes chefs no solo te dan de comer si no que te ofrecen el acto de comer como una experiencia, donde comensal y plato tienen una relación.

En esta linea aparecen los llamados “alimentos moods o cocina de la felicidad, donde sus seguidores ingieren alimentos que estimulan neurotransmisores como la serotonina y endorfinas. La serotonina provoca buen humor y apetito,y se crea a partir de un aminoácido que solo se obtiene a través de la comida, el triptófano.

Estos dos neurotransmisores tienen una gran importancia ya que aportan equilibrio a otras sustancias que se generan en situaciones de angustia y ansiedad

Todos deberíamos conocer nuestro cuerpo y escuchar aquello que nos dice, al igual que deberíamos reflexionar sobre nuestros “malestares emocionales” vinculados con la comida. Existen muchos momentos donde comemos para llenar un vacío o un estado ansioso. Asaltamos la nevera de madrugada e incluso recibimos alertas de nuestro cuerpo, como sobrepeso, hipertensión o Diabetes. Probablemente ser conscientes de ello refuerce el circulo vicioso que alimenta el comer emocional. Con este circulo tratamos de resolver y controlar una emoción incómoda  de manera inmediata. Una satisfacción que nada tiene que ver con el hambre. Los alimentos que elegimos cuando comemos de manera emocional corresponden a aquellos que nos produce un subidón instantáneo. Alimentos ricos en azúcar, grasas, sal o la combinación de todas. Alimentos vacíos de nutrientes, pensados y creados con este fin.

El círculo emocional, como su nombre bien indica es circular. Obtenemos una satisfacción rápida pero insuficiente por lo que la respuesta que produce es un nuevo un malestar bien en forma de  culpa, pérdida de control o tristeza.

Nuestro cerebro encuentra una autovía para darnos placer inmediato como respuesta a emociones vitales. Y así, el comer emocional se convierte en un hábito instaurado e independiente de nuestras emociones reales.

Cuando comemos por emoción dejamos de escuchar, de escuchar el sonido que producimos al masticar, triturar y tragar. La prominencia del sonido de la alimentación, que es como se llama este efecto incide directamente en nuestra forma de comer. Cuanto menos escuchamos nuestro propio sonido mas comemos. Solo el hecho de evocar el sonido de un alimento puede hacer que ya no lo deseemos. Escuchar el sonido de los alimentos nos recuerda que estamos comiendo. Es un indicador natural que nos recuerda que estamos en un proceso alimenticio y nos ayuda a comer mas conscientemente

Sumando todos estos fenómenos aparecen tendencias gastronómicas como el Mindfoodnes , la cual fomentan valores sociales que potencian una alimentación saludable, un estado emocional equilibrado y un respeto por el planeta, comiendo de manera consciente y libre solo aquello que necesitamos.

Tener una relación sana con la comida no implica necesariamente comer alimentos con súper propiedades . Comer y disfrutar de ello deben ir de la mano de pero de  manera calmada y consciente.

Autora: Teresa Brozeta Benítez. Número de colegación: AND-00047

Graduada en Nutrición Humana y Dietética por la universidad de Navarra

Post grado el Composición de los Alimentos. Post grado en Obesidad Humana. Formadora de formadores.

Dietista -Nutricionista en la Unidad de Alimentación del HU Virgen del Rocio desde 2006.

Tutora en prácticas de D-N en el HUVR. Elaboración de cursos de nutrición básica para plataformas docentes en HUVR.

Nutricionista del Proyecto Nutra. Laboratorios Abbot. Medicina Oncológica HUVR.

Intolerancias alimentarias, alergias, insuficiencia renal, celiaquía, fructosemias, etc.

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