Felicidad. Metas vs. sentido

Todos buscamos sentirnos o ser felices. Es intrínseco al ser vivo, pero este es solamente un sentimiento que deseamos tener o una aspiración que queremos alcanzar. ¿Qué significa realmente ser feliz? Ya que es un anhelo de nuestra condición natural y consustancial al ser humano, convendría detenernos a reflexionar sobre ello.

¿Qué es ser feliz?

Tal vez podríamos llegar a un  consenso en el cual ser feliz signifique sentirnos bien, estar sanos, seguros, queridos y tener experiencias agradables. Desde este punto de vista ser feliz no es un estado que puede permanecer, no solo porque nada es fijo en el continuo de la vida, sino porque además está cargada también de dolor, enfermedad, miedo, pérdida y sufrimiento. Luego entonces fundamentar nuestra vida en torno a esta idea y establecerla como una suerte de objetivo que alcanzar, puede acarrearnos numerosas veces justo lo contrario. Unas veces por no estar en alguno de estos estados «agradables» y, la mayoría de las veces, porque la propia búsqueda de estos estados requiere esfuerzo, sacrificio, frustración y desgaste. Lo cual apareja, paradójicamente, más sufrimiento aún.

¿Consumista o ecológico?

Este afán en el intento de hallar felicidad, nos separa de lo que realmente está sucediendo nubla nuestra percepción nítida, ya que nos polariza y divide entre el deseo y el rechazo. Nos impide estar en lo que realmente la vida nos presenta y nos mantiene en un constante intento de conseguir el objetivo. Es como desperdiciar la amplitud de la experiencia manteniendo una expectativa sesgada, que no solo nos impide conectar, sino que además nos limita. En este sentido la búsqueda de la felicidad como meta es consumista e individualista.

¿No seria más lógico hacer un abordaje más ecológico, en el sentido de aprovechar lo que la vida trae tal cual es y que de alguna manera sirva como compost, como sustrato de aprendizaje y sabiduría para vivir una vida más plena? Y si existiera esta posibilidad de abordar el camino de aprendizaje que es la vida, ¿no crees que debiera de ser integrador en vez de individualista?

Encontrar sentido

Modernos estudios de psicología apoyan teorías y dogmas de variadas tradiciones religiosas y escuelas filosóficas. Estos estudios demuestran que llevar una vida con sentido tiene realmente un impacto mayor en el bienestar de las personas que buscar la ansiada felicidad como un objetivo a alcanzar. En otras palabras: el camino ES la meta. Tener sentido es tener una visión propia de la vida en la cual se pone de manifiesto que formamos parte de un todo mayor y que responde a un propósito más allá de los límites de uno mismo.

El sentido, al contrario de la búsqueda de la felicidad, nos abre, nos conecta, permite expandir la visión y facilita integración con la vida y los demás seres vivos.

Según Emily Esfahani Smith, en cuyos estudios se fundamentan esta serie de posts, encontrar sentido en nuestra vida se fundamenta en cuatro pilares que desgranaremos en próximas entradas. En este post resumiremos brevemente el primero de ellos.

Pertenencia

El primero de ellos es encontrar pertenencia. Tener y cultivar relaciones en las cuales nos sintamos valorados por ser quienes somos. Relaciones en las cuales podemos abrirnos a conocer y ser conocidos. Este tipo de relaciones requieren un ambiente en el cual la otra persona manifiesta interés y curiosidad genuina por lo que somos. Esto que es tan evidente y fácil de entender, en nuestra vida cotidiana, en esta sociedad de consumo en la que estamos inmersos y en la cual el foco está permanentemente puesto en una meta o conseguir un objetivo, no es tan fácil de encontrar. De hecho necesitamos implementarlo conscientemente. Las relaciones que dan sentido a nuestra vida requieren para ello ser significativas. Podemos tener una relación de amistad o de pareja y no necesariamente serlo, aunque puede cultivarse. Por otro lado podemos tener relaciones significativas con personas con las que tenemos un encuentro esporádico, un taxista, el pasajero que se sienta a nuestro lado en un vuelo, el portero del edificio donde vivimos o trabajamos…  Los que tenemos hijos experimentamos este sentido de pertenencia de forma natural en la mayoría de los casos. Aunque no es exclusivo de esta condición y podemos hallar relaciones de este tipo en cualquier ámbito.

Somos seres sociales y es vital para nosotros ser vistos y reconocidos. Importantes y trascendentes, significativos para el mundo y las personas que nos rodean. Cuando tenemos y cultivamos relaciones con sentido de forma natural nos sentimos bien, agradecidos a la vida y nos tornamos generosos dispuestos hacia los demás. Esto nos permite expandirnos y sentirnos conectados con el flujo de la vida, más conectados con lo natural que hay en nosotros, ya que somos seres sociales, necesitamos salir del aislamiento individualista para sentirnos bien.

¿Cómo empezamos?

Puedes probar dejando tu movil a un lado cuando estas con otras personas charlando o prestar atención a la conversación que mantienes con tu pareja intentando realmente entender lo que te está hablando y procurar no tamizarlo con tus ideas previas o juicios acerca de ello. Realmente estar presente y abierto a ese instante concreto tal y como es. ¿te atreves a salir de tu propia jaula?

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