Los restos arqueológicos donde aparecen por primera vez vestigios fehacientes de la existencia del yoga datan aproximadamente del año 3000 antes de Cristo, y se trata de sellos de piedras con figuras de posiciones yóguicas pertenecientes a las civilizaciones de los Valles del Indo y Saraswati, en la India. Las escrituras hindúes de mayor antigüedad se encuentran entre las más antiguas del mundo y en ellas también se hace referencia al Yoga, concretamente en los Vedas, textos sagrados donde se contiene todo el acerbo religioso-filosófico de la India y que constituyen todo un acopio de sabiduría en el campo del conocimiento del ser humano a nivel físico, metafísico y puramente espiritual.
Este conocimiento védico se conservó de generación en generación por tradición oral, mediante la recitación de su contenido en forma de aforismos, siendo recogidos por escrito, por primera vez, hace unos cinco mil años y apareciendo las referencias al yoga, particularmente, en el Rig-veda y en el Atharva-veda, las cuales se remontan al año 2500 antes de Cristo. En occidente la parte más conocida de los Vedas son los Upanishads, tratados y poemas filosóficos y místicos que exploran la naturaleza del alma humana. Es en los Upanishads, la última parte de los Vedas, (1500 antes de Cristo) donde se encuentra la base de las enseñanzas yóguicas.
Pero es Patañjali el que tradicionalmente ha sido considerado como el autor –el “padre”- del texto fundamental del Yoga: los Yoga Sutra. Lo poco que se conoce de Patañjali es legendario y está lleno de contradicciones. Mitológicamente se lo considera como una encarnación del dios serpiente Sesa, que rodea y sostiene el universo en forma de Océano Cósmico. Aunque los Yoga Sutra datan entre el siglo II antes de Cristo y el siglo VI después de Cristo, sin embargo, aún no ha podido determinarse claramente la identidad de su autor ni la fecha exacta de su composición, aunque sí parece que puede identificarse con Patañjali, el filólogo hindú del siglo II a.C.
Desde sus orígenes la influencia del Yoga fue constante y profunda en toda Asia. Así, hubo un Yoga budista, hindú, chino, tibetano, etc; y a través de los descubrimientos realizados por los yoguis a lo largo de la historia, se han sistematizado en los diferentes sistemas de yoga tradicionales (Ashtanga Yoga, Hatha Yoga, Kundalini Yoga, Mantra Yoga, etc.). Pero Occidente no supo de su existencia hasta hace ahora unos escasos 125 años, cuando algunos soldados británicos que habían servido en la Indica lo dieron a conocer, no siendo hasta la década de los 60 y 70 del Siglo XX cuando numerosos maestros indios comenzaron a llegar a Occidente para enseñar diferentes tipos de yoga y Meditación.
El yoga practicado en Occidente tiene su origen en el denominado “yoga Ashtanga”, creado por el maestro hindú Sriman Krishnamachaya –considerado el fundador del Yoga moderno– siendo su hijo y varios de sus discípulos los que introdujeron el movimiento en Occidente en los años 60. Dos maestros del yoga fueron particularmente influyentes en la historia de occidente: B.K.S. Iyengar y Krishna Pattabhi Jois. Pattabhi Jois enseñó en su escuela de Mysore. En la India meridional, hasta pocos años antes de su muerte, el 18 de Mayo de 2009, donde se practica una adaptación del yoga Ashtanga. Por su parte, Iyengar, aún vivo y en activo en la impartición directa de sus enseñanzas a sus 90 años en su escuela de Pune, ha perfeccionado un hatha yoga que se focaliza, principalmente, en la alineación corporal y cuyo objetivo es la relajación total. Mediante ciertos tipos de asanas (posturas), este yoga intenta encauzar a Prana (energía) a través de sus naturales conductos dentro del cuerpo sutil, para que circule libre y equilibradamente. También se cuida que la respiración sea la correcta para cada asana.
Es un estilo en donde se incorpora el uso de bloques, correas o ligas para facilitar al practicante a ejecutar perfectamente las asanas y las vinyasas, transición entre una asana y otra. Este Yoga se sirve del cuerpo como instrumento de bienestar y perfeccionamiento para llegar a la unión con el alma y con el espíritu.
En la actualidad se práctica el yoga por todo el mundo. “ATHA YOGA ANUSHASANA” En sentido literal Yoga significa “unión” del pensamiento con las emociones, las sensaciones y el cuerpo físico. De la personalidad con el Ser interior y de la individualidad con el Todo en el «aquí y ahora del eterno presente”
Capitulo I “Samadi Pada” Yoga Sutras de Patanjali
1.- Flexibilidad general
La mejora de la flexibilidad es uno de los primeros beneficios más claros en la práctica del Yoga. Durante la primera clase, probablemente no serás capaz de tocar las puntas de los pies con las manos, y ni mucho menos realizar arcos hacia atrás. Pero si uno se pone a ello con empeño, se notará un gradual aflojamiento, y eventualmente, algunas posturas que parecían imposibles, serán posibles al fin. También será notable la desaparición de dolores y tensiones. Eso no es una coincidencia. Las caderas tensas pueden constreñir la articulación de la rodilla debido a un inadecuado alineamiento del fémur en el muslo con las espinillas. Unos músculos isquiotibiales tensos pueden conducir a un aplanamiento no natural de la columna lumbar, lo cual puede causar dolor. Y la inflexibilidad en los músculos y los tejidos conectivos, tales como las fascias (envoltura de
los haces musculares) y los ligamentos, pueden causar una postura deformante.
2.- Fortalecimiento de los músculos.
Los músculos fuertes hacen mucho más que tener buen aspecto. También nos protegen de dolencias como la artritis y/o el dolor de espalda y ayudan a prevenir las caídas en las personas mayores. Y cuando se ha logrado obtener fortaleza a través del Yoga, ésta se equilibra con la flexibilidad. En el caso de que uno fuera a un gimnasio para levantar pesas con ánimo de “hacer músculos”, se conseguiría fortaleza a expensas de la flexibilidad.
3.- Cabeza en Línea
Tu cabeza es como una bola de bolera, grande, redonda y pesada. Cuando se encuentra bien equilibrada, directamente sobre una espina erecta, los músculos del cuello y de la espalda utilizan mucho menos esfuerzo para sostenerla. Mueve unos milímetros hacia delante, sin embargo, y comenzarás a sentir una tensión en dichos músculos. Mantén esa pesada bola de billar caída hacia delante durante doce horas y no te extrañarás de sentirte fatigado. Y la fatiga no es solo el único problema. La mala postura puede causar lesiones y dolencias en el cuello, la espalda , otros músculos y las articulaciones. A medida de que la cabeza se desploma, el cuerpo puede compensar aplanando la curva normal del cuello y de la zona lumbar. Esto puede causar dolor y artritis degenerativa en la columna.
4.- Las articulaciones se alimentan
Cada vez que se practica Yoga, se llevan las articulaciones a una gama completa de movimiento. Esto puede ayudar a prevenir la artritis degenerativa y a mitigar esa dolencia mediante el “efecto esponja” de las áreas de cartílago que normalmente no son utilizadas. El cartílago de las articulaciones es como una esponja; recibe los nutrientes frescos solamente cuando absorben los fluidos. Sin un adecuado mantenimiento, las abandonadas áreas de los cartílagos se pueden fatigar, exponiendo el hueso debajo a convertirse en una especie de “zapatas de freno desgastadas”.
5.- Espina Dorsal nutrida
Los discos vertebrales, absorbedores de trauma entre las vértebras, se pueden herniar y comprimir nervios, “adoran” el movimiento. Esta es la única forma en la que pueden conseguir sus nutrientes. Si se trabaja una buena y equilibrada tanda de aperturas y plegamientos, tanto adelante como hacia atrás, combinado con torsiones, eso ayudará a suministrar el alimento y mantendrá a las vértebras sueltas y saludables.
6.- Equilibrio Psicoemocional
Una práctica consciente, y el yoga lo es, posibilita un alineamiento entre cuerpo y mente. Favorece la concentración y por tanto nos ayuda a estar presentes. En el futuro existe la preocupación y en el pasado la culpa y el remordimiento. Es en el presente donde podemos encontramos con nosotros mismos y hallar equilibrio para lo único que está pasando, que sucede instante a instante. Cuando aprendemos a habitar el momento presente, conectados con el cuerpo, desapegados de la rumiación mental y fluyendo con la respiración, empezamos a encontrar calma y equilibrio. Y experimentamos un estado de paz. Estamos en YOGA
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